En una de las, en esta época, frías mañanas madrileñas, el Nin estaba como de
costumbre remoloneando en la cama. Eran casi las diez y dudaba entre ir a Ferraz o darse una vuelta por las calles para “sentir el pálpito de la calle” y poder valorar la popularidad conseguida por nuestro, o eso pensaba él, nunca suficientemente ponderado presidente Sánchez.
Recibió un WhatsApp y cinco minutos después volvió a sonar la campanilla
anunciando otro. Era el número de Moncloa, el antiguo número -pensó- que se usaba para los avisos cuando estaba en el gobierno.
“El presidente del gobierno solicita su presencia en el aeropuerto de Torrejón a
las 12.30 horas de hoy para un viaje de tres días y dos noches. Se le enviará un coche de cortesía a su domicilio a las 11 horas. En la aeronave se le informará del destino. La indumentaria recomendada es chaquetas cálidas, ropa de invierno y botas. Inexcusable asistencia.”
“Confirmo”, contestó lacónicamente el Nin.
Y comenzó su gymkhana casera para hacer la maleta. Tenía un viejo chubasquero con la capucha naranja.. ¿Y botas? Encontró una en un armario (faltaba
la pareja) y no era precisamente para subir a la sierra, así que no recordaba de dónde había salido. Probablemente de algún hijo. De pronto recordó que en algún armario todavía debía de tener guardadas las botas de cuando hizo la mili.
A las once lo recogió el coche y un poco antes de las once y media ya estaba subido en el avión.
Al poco entró una persona mayor, muy alta y con gruesas gafas que venía vestido como un Kim Philby, el viejo espía inglés que había huido a Moscú. Muy afable se presentó al Nin como asesor principal del Presidente para la agenda gobierno para la agenda 2030. Y poco después llegó nuestro Pedro con el ministro de asuntos exteriores.
– Anda, Nin, dame un abrazo, que no te veo hace meses. Siéntate conmigo que nos vamos a Davos. Viene la mitad del IBEX con nosotros, pero en sus aviones… ¡Por fin se enteran de quién manda en España!
El Nin había leído sobre Davos y aunque habían virado hacia una posición más
razonable, le seguían pareciendo una banda de capitalistas desaforados en busca de una limpieza de imagen. Miró hacia el hangar y vio cómo una quincena de coches se acercaba a otra quincena de aviones que estaban esperando para despegar.
-Vamos a volar todos juntos. Estos se creen que vamos en el Air Force one y
necesitamos escolta. En fin, vaya país… ¡Así nos va! Dijo Pedro Sánchez.
Tras un vuelo de un par de horas, en las que Sánchez y todo su séquito se
quedaron dormidos, llegaron a Zúrich, y de ahí a Davos en una furgoneta. En la puerta les esperaba el embajador para llevar a Pedro a saludar al presidente de Suiza, un país ideal pues nadie sabe cómo se llama o incluso si es presidenta. Como parece ser el caso.
En Davos los metieron en un hotel en el centro. Pedro tuvo su momento con un discurso ante el plenario, que fue muy ovacionado. El salón estaba lleno y había muchos españoles que intentaban saludar al presidente y supongo que con intenciones de saber “que hay de lo mío”. Pero Pedro estuvo frío y distante. Más que a su amado Mitterrand, se parece cada vez más a De Gaulle. ¡Cómo coloca a cada uno en su sitio, con lo que le han hecho sufrir!
Estuvo brillante y en un inglés que domina a la perfección. En el turno de preguntas todos los españoles levantaron la mano, aunque éstas habían sido enviadas a través de correo electrónico. Todas las preguntas empezaban con una larguísima y pesadísima introducción en la que elogiaban el éxito de España contra el cambio climático, sus avances en la implantación acelerada de la agenda 2030 y cómo le había parado los pies al fascismo.
A la moderadora se le coló una pregunta incómoda (hay “fachas” por todos lados). ¿Cuándo va a volver a crecer la renta per cápita en España, que lleva estancada desde hace 19 años?
Pedro carraspeó y miró al infinito. Y dijo en su impecable inglés una palabra, soon…pronto.
El auditorio estalló en aplausos.
Tras el éxito en el plenario, dieron un paseo por la nieve con un montón de
fotógrafos y periodistas detrás. En un momento dado le dijo:
-Me encantan tus botas vintage tipo mili. Mi asesor quiere que la volvamos a poner para acabar con el desempleo juvenil. Veremos. Por cierto, ¿Te quedas? Yo voy a ir a ver a Bill… (silencio, pausa y un pequeño carraspeo) Gates y después creo que vuelvo a España. Te aconsejo -prosiguió- que entres conmigo en el plenario, porque ahora toca una bruja o algo así que hablará del cambio climático y que va hacer un hechizo en no sé que lengua indígena. Me han dicho que para la legislatura nos va a dar mucha suerte y además es una buena foto. Hay que cuidar estas cosas primitivas. Ahora que tanto nos critican esos de la España vacía, abandonada o como la llamen..
Entraron corriendo, se sentaron en primera fila, pero apareció Milei.
Pedro le saludó de lejos con un manotazo y aguantó estoico, mirando en ocasiones los mensajes de su teléfono, mientras, Milei echaba su discurso habitual. Un “facha” de tomo y lomo. Capitalismo del duro para salir de una crisis que sólo él ve. Muy pocos aplaudieron, aunque su grito de guerra pareció ser secundado con un murmullo.
Deben de ser los malos reflejos…
- ¡Viva la libertad, carajo!

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