Queridos lectores y fans del Nin (alguno hay). En estos tiempos de desesperanza y exilio interior, creemos que la única solución es el humor, más bien el único paliativo.
Abrazos a todos y empezamos con nuestras viñetas, que serán semanales y dominicales.
Empezamos…
Tras una etapa de “obligado” descanso de apenas unos meses, disfrutando de su sueldo de exministro (los antecedentes, querido lector, están en el libro que probablemente aún no has leído) Mariano, el Nin, empieza a soñar con un nuevo puesto como ministro del, ahora sí y más que nunca, emperador de la izquierda global: Don Pedro Sánchez Pérez Castejón (sin guion, como Dios digooo… el poder del Pueblo manda a los progresistas de nuestro país).
El dinero, el ¿merecido? descanso y su alto estatus en el bar de abajo y entre su familia, que se había multiplicado estratosféricamente por la cosa ministerial, habían ido reduciéndose poco a poco a la situación pre ministerial… ¡Un fastidio!
- Nin, que no te enteras… ¡Que no te enteras! Tu jefe no va a llegar vivo al final de la legislatura. El “Pushdemón” ese lo tiene bien cogido por los…
Comentó el facha de turno.
- Mariano, hace meses que te pedí que colocaras a mi hija en el ministerio ¡Ya han fichado a todas sus amigas y tú no has conseguido nada! Ya esta toda su promoción de periodismo en la tele.
Dijo otro mientras, apoyado en la barra, se comía un churro con una mano y ojeaba el Marca con la otra.
- Nin, supongo que si hay elecciones otra vez te volverán a hacer ministro. Aunque no sé si esta vez Sánchez va a ganar ¿Tú antes no eras funcionario? ¿Por qué ahora nunca vas a trabajar?
Le dijo un parroquiano en el bar.
- ¿Te has vuelto “pijoprogre” como todos los ex ministros?
Su mujer volvía a estar harta de tenerlo, salvo esas tres o cuatro horitas que pasaba en el bar, todo el día metido en casa. El Nin, mientras siguiera cobrando el sueldo de ex ministro, podía seguir siendo un inútil durante algún tiempo y era lo que pensaba hacer. En el fondo, lo de ser ministro ya lo había consumado. Había tenido coche oficial, secretaria, escoltas, tarjetas de crédito y por supuesto nada que hacer. Aunque para ese “nada que hacer” a veces había que madrugar, sobre todo cuando había un viaje por medio ¡Ese empeño de los de la prensa de Moncloa de tener a los ministros moviéndose por las provincias! En fin, fue una buena temporada que también requería de un buen descanso, pero sonó el teléfono…
- ¡Nin! ¡Nin!
Era Pedro, pero pensó en no contestar y luego alegar algo así como que “el teléfono no funcionaba”.
- Nin, jod… ¡Que sé que estás escuchando! Déjate de niñerías.
- Perdona Pedro, digo… presidente, ya estoy al aparato. Tenía un lío.
- Mira, voy a ser muy breve, conciso, directo y sin rollos. Necesito que estés al loro. Calentando en la banda, vamos…
Soltó esa risa tan característica que para Feijoo y algún fascista más no era otra cosa que un signo de locura.
- Necesito que estés listo. Vas a salir muy pronto de nuevo. A entrar en el gobierno, ya me entiendes. Pero mientras tanto necesito que tengas los ojos y los oídos muy atentos, que tengo el partido muy removido con eso de los pactos. He pensado en hablar con Ferraz y que te den una coordinación o algo así para que puedas ir por allí a mirar y escuchar lo que hacen.
- ¡Siempre a tus órdenes, presidente!

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